sábado 24 agosto 2019
Ucrania 2 Francia 0

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Ucrania 2 Francia 0

16/11/2013

JORDI QUIXANO/ EL PAIS Francia está al borde del precipicio, a punto de despeñarse y quedarse fuera de un Mundial, algo que no sufre desde que no se clasificara para las citas de Italia 1990 y Estados Unidos 1994 —volvió en casa como anfitriona en 1998, y resultó campeona—. No han resurgido los galos de sus pesadillas del pasado, que vivieron su punto de mayor desintegración en el Mundial de 2010 con Domenech en el banquillo, una guerra civil en el vestuario que se expandió al campo con el ruido de mil cohetes. Ahora, después de su batacazo de anoche en Kiev, está a punto de revivir una pesadilla similar. Solo una épica remontada el martes en París puede sacarle del atolladero. Figuras como Ribéry, Benzema, Nasri, Giroud, Lloris y Varane, una generación brillante, pueden quedarse fuera de la gran cita del fútbol mundial. A no ser que un pequeño milagro lo remedie.

La brega de Matuidi, el toque y la recuperación de Pogba, el pase vertical de Nasri, el zigzag diabólico de Ribéry, el cañón por pierna de Giroud... Habilidades individuales de jugadores de alta alcurnia que no encajan entre sí y dejan a Francia en un equipo que puede ser pero no es. Así se aclaró en el Olímpico de Kiev, donde 65.000 gargantas se desgañitaron para animar a una Ucrania que, simple pero efectiva, desgajó a los bleus con el contragolpe. Zozulya y Yarmolenko pusieron los goles, hachazos que desacreditan por el momento la propuesta de Deschamps, una potencia europea que apenas hilvana tres pases y que no se ha regenerado desde la Eurocopa de 2000, por más que alcanzara la final del Mundial de 2006, perdida contra Italia. Es el sinvivir de Francia en las últimas décadas, tan pronto fuera de las grandes citas internacionales como coronada en ellas (Mundial de 1998 y Eurocopa de 2000) en una montaña rusa inexplicable. Porque grandísimos jugadores, como ahora, no le han faltado en estos últimos años.

Saltaba Giroud —castigado en el banquillo Benzema hasta el minuto 70 por su poca eficiencia goleadora; aunque contabilizara cuatro goles seguidos en otros tantos partidos con el Madrid y dos más en los dos últimos duelos con Francia— como un bailarín de ballet en busca de balones imposibles, en un baño de codos y brazos, de juego aéreo que definía la fragilidad en la composición de Francia. Penalización para Ribéry, autoproclamado hace unos días como el mejor de planeta en su candidatura para el Balón de Oro (ahora muy cuestionada), que solo se ofrecía a la carrera, sin balón ni protagonismo, deslucido en el quiebro y en el golpeo. Mérito, en cualquier caso, de las ayudas y coberturas de Ucrania, que anudó sus líneas y se expresó a la contra. Fútbol tan primario como resultón, hasta el punto de que suma más de un año (desde el 16 de octubre de 2012) sin conocer la derrota, con 10 victorias y dos empates.

En una jugada embarullada, con un rechazo y un pase de fino estilista de Edmar, Zozulya durmió el cuero, se despegó de Debouchy y golpeó raso. El balón, caprichoso, dobló la muñeca de Lloris y acabó en la red. Y Koscielny, sospechoso habitual en estas circunstancias (también acabó expulsado antes de acabar el choque), metió el cuerpo para derribar a Zozulya en penalti poco después. No falló Yarmolenko, que chutó fuerte y al centro, que estampó el balón al larguero y a gol. Todo un batacazo para Francia, que necesita tres goles de ventaja en París para alcanzar Brasil, para no quedar descabalgada de la cita mundial del fútbol.



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  • elheraldol.hn

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